La historia de un violín

Estas navidades los Reyes me han traído un violín. ¿Sé tocarlo? No. ¿Alguna vez supe? Tampoco. ¿Siempre he querido aprender? Por ahí van los tiros…

Como a muchos niños, de pequeña me apuntaron a clases extraescolares de música, que se daban en el mismo colegio. Yo encantada, me gustaba la música. Aprendí a leer las notas, interpretar el pentagrama, etc. Problema: no tengo nada de oído, nulo, niente, nothing… eso se traduce en que veo un “la”, sé que es un “la”, lo reconozco, pero no sé entonarlo. Solución: aprenderme las canciones de memoria.  Y funcionaba porque en el colegio no eran muy exigentes.
Y así, de canción en canción, llegó la hora de elegir instrumento. Yo lo tenía muy claro, quería tocar el violín, pero la cosa no iba a ser tan fácil. Mi abuela, que por aquel entonces, pagaba las clases de música, decidió que el violín no era el instrumento apropiado para una chica, supongo que pensó que tocar con la cabeza torcida no era demasiado… femenino. Así que escogió como instrumento ….. (redoble de tambores) …. la bandurria. Mucho más femenino claro que sí!! ¬¬
En fin, que como ella pagaba las clases, mis padres no protestaron y yo un poco pero nadie me hizo caso, me quedé con la bandurria. Nunca aprendí a tocarla. Y no por rebeldía, simplemente no se me daba bien.
Y vosotros diréis, ¿Y los festivales de fin de curso? ¿Las actuaciones ante los padres? Hacía como que tocaba, y entre todas las demás guitarras y bandurrias, no se notaba.
Años después (muchos), viendo un video casero con mis padres de una mis actuaciones se descubrió el pastel ! . La conversación fué más o menos así:
madre: “Mira mi niña como toca su bandurria!”
padre: “No la tocaba”
madre: “Cómo que no la tocaba?! , mira que bien lo hace!”
padre: “No la tocaba, díselo tú María”
yo: “No la tocaba mamá, no sabía, nunca aprendí”
Mi madre se quedó blanca y a los 5 segundos se echó a reir.
Parece que mi padre lo supo desde el principio aunque nunca dijo nada, y mi madre vivía feliz en la ignorancia. Y yo que pensaba que había engañado a todos WMHAHAHA (risa malvada). Algún día tengo que digitalizar ese vídeo para que veais mis dotes de actriz.
Pero volvamos a cuando yo era una cría que supuestamente tocaba la bandurria.
Las clases en el colegio acabaron y mi abuela augurándome un gran futuro como bandurrista (o como demonios se llame), me apuntó al conservatorio. uuuhhhh aquello era otro cantar, literalmente. Eran palabras mayores, y esta vez, nada ni nadie se interpondría en mi camino, iba a tocar el violín SÍ o SÍ!
Pero hasta llegar a eso había que superar dos años de preparatorio, antes de empezar con un instrumento. Pero me dije, no hay problema María, sigue aprendiéndote las canciones y cuando llegues al instrumento, el violín entonará por ti.
El primer año mi estrategia seguía funcionando. Al fondo de la clase, cuando cantábamos una canción nueva, yo símplemente movía la boca y a la tercera vez, ya me la sabía de memoria. En el segundo año mi método de supervivencia se fué al traste: en el examen me hicieron cantar una canción totalmente nueva. Madremía parecía que estuvieran estrangulando a un gato! Me suspendieron claro, una y otra vez.
Dejé de intentarlo, no había manera, no sabía cantar. Y yo me decía, que mas da!? Darme un violín y veréis como lo hago sonar! , pero no pudo ser. Salí del conservatorio, sin aprender a tocarlo.
Y ahora, años después, con ya 30 veranos a mis espaldas, abro el regalo de mis padres, y qué es? UN VIOLÍN !!!!
Al principio cuando abrí el paquete y ví la funda pensé, imposible, no puede ser. Y cuando abrí la funda seguía sin creérlo… allí estaba, reluciente, con sus cuerdas, su arco …. un esplendoroso violín.
violín
No tengo ni idea de como cogerlo, ni de por donde empezar, pero dentro de unos años, cuando alguien me pregunte que hice con él, responderé:
¡APRENDÍ A TOCAR EL MALDITO VIOLÍN!
(entrada publicada originalmente el 13 de Enero de 2011)
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